Por: Monsieur Croche, para Pens-Arte

En 1985, mi padre (que también era músico), después de su viaje por Europa, me regaló un disco de las Danzas Sinfónicas de Rachmaninov por Kirill Kondrashin y la Orquesta Filarmónica de Moscú. Aún recuerdo sus palabras cuando me decía que esta era una obra que nunca iba a poder ser interpretada en Bolivia. Por eso, fue una enorme alegría para mí cuando vi esta obra en el afiche de la OSN y, aunque tenía mis dudas sobre si se la iba a poder montar, este concierto fue una gran satisfacción para mí y para los asistentes.
En cuanto a los aspectos técnicos, no estaba del todo solucionados pero, a pesar de esto, se pudo oír un Rachmaninov que tuvo una intención musical clara.

Sin más preámbulos, paso a hacer la valoración del concierto:
LO POSITIVO
– La elección de interpretar las Danzas Sinfónicas de Rachmaninov fue un acierto muy grande de parte de la OSN. Creo necesario que cada vez se continúe interpretando obras de mayor dificultad en nuestro país, tanto en las orquestas como individualmente por los propios intérpretes, incluso si esto supone que hayan momentos donde, técnicamente, no se llegue a la calidad que la obra exige (siempre y cuando sean momentos breves). De esta forma, el nivel técnico de la música en Bolivia se elevará.
– Sobre todo, en las Danzas Sinfónicas, el Mtro. Arancibia, logró una frialdad en lo técnico, pero a la vez un gran dominio de la expresión que, junto con el esfuerzo de los integrantes de la OSN, permitieron que la orquesta se desarrolle por encima de las dificultades técnicas de la obra.
– Durante la segunda de las danzas se presentó, sorpresivamente, un número de ballet (bastante breve, por cierto) a cargo de una pareja de bailarines. A pesar de no tener el espacio físico suficiente, realizaron una coreografía explotando al máximo los espacios del Centro Sinfónico y concordando a cabalidad con la música de Rachmaninov.
LO NEGATIVO
– Si bien en las Danzas Sinfónicas, el Mtro. Arancibia demostró maestría en su profesión (como lo había mencionado) siento que el Preludio a la Siesta de un Fauno le quedó un poco grande. Ante una obra tan delicada y detallista, la OSN no logró resaltar todos los colores que Debussy pide, ni los freaseos, las variaciones rítmicas, etc. Por su lado, la afinación de los vientos fue muy cuestionable, el clarinete no logró cabalmente ninguno de sus solos y la flauta, que era protagonista, careció de expresividad y de entendimiento del impresionismo de Debussy.
– Tanto durante como después del concierto, no me quedó claro, cuál fue la idea de la elección del repertorio. Posiblemente se buscó el contraste o interpretar obras que marcaron una representatividad histórica, o aún se podría argumentar que Mozart era como un respiro para relajar al oyente de la tensión entre las dos otras obras, pero éstas tenían demasiado contraste entre sí como para lograrlo por sí mismas. Pienso que la Primera Sinfonía de Mozart, con un carácter tan sencillo, quedó apabullada entre dos obras tan grandes y complicadas.
– Creo también muy necesario hacer una crítica a la sociedad paceña que no se interesó por un concierto con música tan magistral y permitió que el Centro Sinfónico esté a menos de la mitad de su capacidad. Sobre todo después de que el anterior concierto, desastrozo, estuvo completamente lleno.
CONCLUSIÓN.
Hubo bastantes pequeños defectos técnicos durante el concierto, pero aún así, me animo por calificarlo como un concierto exitoso por el hecho de haberse arriesgado a tocar una obra de una dificultad tan grande y haberlo hecho acertadamente. Quiero animar a todos los músicos que lean esta crítica a animarse a subir el nivel de las obras que interpretan y a los amantes de la música a asistir a los conciertos que plantean, como este, una innovación en el repertorio.
CALIFICACIÓN
OSN – 8.5/10
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