H. R. Moruno Pelaez
1,2,3 y 4 es el conteo que, desde que tengo memoria, oí en las distintas salas de ballet por las que pude pasar. Sea aclarado desde un principio, no soy bailarín, aunque sabe dios que si me hubiera gustado serlo.
El hecho es que, con muy pocas excepciones, el 1,2,3 y 4 era un conteo omnipresente para cualquier coreografía o marcación de paso. No importaba que la pieza musical para la cual se hacía la coreografía, estuviera en un compás ternario o que el acento no sea después de cuatro tiempos sino de dos, etc.; daba lo mismo: 1,2,3 y 4.
Este hecho, que puede parecer insignificante mas no lo es, alargaba mucho el entendimiento corporal y rítmico con respecto a un paso dentro de una coreografía dancística.
La música proporciona un sentido rítmico lógico que no siempre entra dentro del famoso conteo y el cuerpo reacciona naturalmente: se da cuenta de que algo extraño está pasando y le cuesta asimilar esa conexión natural que debería haber entre música y danza. Con el tiempo, el cuerpo probablemente logre aprender esos pasos, pero no por el camino más sencillo que debería ser el natural y, en muchos casos, este se seguirá sintiendo como metido con calzador.
Y, evidentemente, no quiero decir que los bailarines estén obligados a aprender de música o al menos no a niveles altos, pero si nociones básicas de rítmica que faciliten su trabajo y el trabajo pedagógico que hacen en su tarea de enseñanza. Según aprendí, la música viene antes que la coreografía – casi siempre –, entonces la simbiosis entre el cuerpo y la música a través del timbre, de la melodía, de la armonía y sobre todo del ritmo debería ser natural e indisoluble. Lo mismo pasa con la anacrusa (grupo de notas débiles que anteceden al tiempo fuerte); existen coreografías o inicios de ellas que entran en tiempos débiles y no después del 1,2,3 y 4. Algunas entrarán en el 2 u otras en el 4 o en los intermedios, las famosas “ies”.
Por último y no menos importante, el conteo igualmente se debería dar al tempo de la música que sucede. Es muy usual ver conteos previos de 1,2,3 y 4 a una marcación de negra 60, digamos, cuando la música que viene después está a otro tempo o, peor aún, a otro tempo y en otro compás.
No quiero terminar este pequeño artículo sin mencionar que estas palabras no son una crítica ni mucho menos una queja, sólo una apreciación que observé hace mucho tiempo y que vino a mi como motivo para retomar el blog.
Aún debemos trabajar arduamente en profesionalizar el medio artístico en el cuál vivimos y quizá estas breves y hasta absurdas recomendaciones puedan ayudar y aportar en algo.

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