Arte: industria y trascendencia

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H.R. Moruno Pelaez

La Paz de a poco se está convirtiendo en una ciudad saturada de propuestas artístico-culturales y este fenómeno de entrada no tiene nada de malo: tener un fin de semana – o entre semana – con al menos 10 opciones para escoger entre teatro, música, danza, exposiciones pictóricas, etc., nos permite a quienes consumimos arte tener un abanico amplio de opciones y poder elegir de acuerdo a nuestros gustos e interés.

Este crecimiento en la oferta genera competitividad entre elencos y compañías que necesitan captar la atención del público para poder generar recursos por la venta de entradas. Dejando de lado instituciones artísticas públicas como la OSN, el CPM, la EBID u otras de similares características – cuyos mecanismos de trabajo creo que son o deberían ser distintos a los de los emprendimientos privados – la mayoría del resto de las propuestas optan por presentar propuestas “pop” que de entrada aseguren captar el interés del público desde un inicio a través sólo del mensaje que puede transmitir el evento por medio de su nombre de comercialización, apelando normalmente a compositores o elementos artísticos que son lenguaje común en la mayoría de las personas. Este fenómeno, de entrada, no tiene nada de malo, no al menos considerando que el arte también debe vender y este es un hecho irrecusable.

Dejando lo dicho para otro análisis, me pregunto el por qué incluso propuestas con elementos totalmente “populares” que incluso apuestan a la nostalgia fracasan. Y la respuesta seguramente no es sencilla.

De entrada, la mayoría de elencos artísticos no cuentan con estrategias de marketing bien establecidas y su divulgación no va más allá de lo que las redes sociales pueden ofrecer y, en la mayoría de las veces, esto no es suficiente. Sumado a esto, desafortunadamente los otros medios de comunicación masiva, radio, prensa y televisión, no tienen una política clara de apoyo a emprendimientos artísticos, al menos no la mayoría. Otro día les comentaré de algunas experiencias.  

Pero más alarmante aún y el quid del asunto de este breve escrito es que los elencos mismos no apuestan por la trascendencia. Sus propuestas artísticas son fugaces y no miran más allá de las dos presentaciones que programan, con suerte. El público necesita tiempo para decidir si desea consumir o no algo, lastimosamente es así. Y entiendo, pues estoy de ambos lados, que la tarea resulte muy difícil, yo mismo ahora no tengo la estrategia totalmente definida, y se pone más complicado aún en un contexto en el cual los habitantes de una ciudad como La Paz, excluyendo un pequeño sector, consumen muy poco arte mensualmente.

Siento, y esto es totalmente subjetivo obviamente, que muchas producciones en el medio se hacen por la necesidad de generar recursos económicos inmediatos y aunque esto no tiene nada de malo – ya lo mencioné – dejan de lado el tener una perspectiva más amplia hacia un futuro en el que una propuesta pueda trascender y generar no sólo un mayor público sino otras opciones de difusión, inclusive fuera de nuestras fronteras y con ello, recibir los beneficios económicos que esto implicaría. El arte no es menos arte por sostenerse en una industria que la apoye. Parafraseando al buen Reverte, una cosa es el creador y otra el vendedor, y casi nunca son las mismas personas.

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