El Gran Poder: la fe que mueve 80 millones de dólares en un solo sábado
Cómo la festividad paceña, declarada Patrimonio de la Unesco, mueve 80 millones de dólares en un día, pese a los bloqueos que la obligaron a posponerse dos veces en 2026.
Entrada folklórica del Gran Poder, La Paz
Cada mes de junio (o, como ocurre en 2026, cada vez que el calendario lo permite), La Paz se detiene. Ocho kilómetros de la ciudad se convierten en una pasarela de plumas, espejos y bordados, y durante casi veinticuatro horas continuas más de cien mil personas bailan, tocan y acompañan al Señor Jesús del Gran Poder en su recorrido. Es, a la vez, el acto de fe más multitudinario del occidente boliviano y uno de los motores económicos más potentes del país: solo la entrada folklórica mueve hasta 80 millones de dólares en veinticuatro horas, según cálculos difundidos por la Alcaldía paceña.
Este 2026, sin embargo, la fiesta tuvo un año distinto a todos. Los bloqueos de carreteras que paralizaron al país durante semanas obligaron a posponerla dos veces. Finalmente, la promesa —el acto religioso previo— se realizó el domingo 26 de julio, y la gran entrada folklórica quedó fijada para el próximo sábado 1 de agosto. Antes de que las calles de Los Andes y Antofagasta vuelvan a llenarse de morenadas, caporales y kullawadas, vale la pena entender de dónde viene esta fiesta, cuánto dinero mueve realmente y por qué, en un año de crisis, nadie se atrevió a cancelarla.
Un año de postergaciones: la fiesta que no se pudo detener
La historia reciente del Gran Poder 2026 es, en sí misma, un termómetro de la coyuntura boliviana. La festividad estaba programada originalmente para finales de mayo, pero las movilizaciones que exigían la renuncia del entonces presidente Rodrigo Paz y el consiguiente cierre de rutas hacia La Paz y El Alto complicaron la llegada de músicos, bandas y fraternos desde otros departamentos.
La primera reprogramación llevó la promesa al 14 de junio y la entrada al 20 de junio. Pero los bloqueos continuaron —llegaron a superar los 39 días consecutivos— y con ellos la escasez de combustible y la imposibilidad de trasladar instrumentos, trajes y comparsas completas desde Oruro, Potosí o Sucre. La Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder (ACFGP), que agrupa a 76 fraternidades, optó entonces por una segunda postergación indefinida, dejando en claro que se trataba de una pausa y no de una suspensión: perder el título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, otorgado por la Unesco en 2019, estaba en juego si la fiesta se cancelaba por completo.
Recién el 23 de junio, con los bloqueos ya levantados, el directorio de la ACFGP fijó el cronograma definitivo: promesa el domingo 26 de julio y entrada folklórica el sábado 1 de agosto. El presidente de la asociación, Juan Ichuta, explicó que la pausa buscaba dar tiempo a las fraternidades para reponerse económicamente, reparar trajes y afinar los últimos detalles sin la presión de una fecha inmediata en medio de una crisis que ya había encarecido los costos de organización.
Dato clave: en 2025, la entrada del Gran Poder reunió a unos 92.000 bailarines y 33.000 músicos, con más de 200.000 espectadores en las calles, según cifras municipales.
De un lienzo de tres rostros a la fiesta mayor de los Andes
Para entender por qué siete décadas de crecimiento ininterrumpido convirtieron a esta fiesta en semejante fenómeno económico, hay que remontarse al objeto que le da origen: un cuadro colonial, pintado por un autor anónimo —probablemente de la escuela cusqueña o potosina— en algún momento del siglo XVIII.
La pieza representaba a Jesús con tres rostros superpuestos, una iconografía poco común que buscaba simbolizar a la Santísima Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— como una sola divinidad. Este tipo de representación, documentado también en tratados de pintura religiosa de la época, terminaría prohibido por el papa Benedicto VI a comienzos del siglo XVIII y ratificado por el Concilio Provincial de Santa Fe en 1772, aunque el lienzo paceño sobrevivió al margen de esas disposiciones.
Imagen del Señor del Gran Poder
Según la tradición conservada por el santuario, la pintura llegó a manos de la familia Carrión y fue entregada como parte de la dote cuando sus hijas ingresaron al convento de las Madres Concepcionistas, una práctica habitual en la época: la familia pagaba una dote como si se tratara de un enlace matrimonial. Cuando el convento se trasladó a la zona de Miraflores en la década de 1920, las religiosas debieron desprenderse de varias de sus posesiones, y una sirvienta de las jóvenes Carrión terminó llevando el lienzo hasta la zona de Ch’ijini, el actual barrio de Gran Poder.
Fue ahí, y no desde la Iglesia oficial, donde nació el culto: durante años la devoción fue puramente vecinal y laica, sostenida por los propios habitantes del barrio, quienes organizaron las primeras entradas y compraron el terreno donde hoy se levanta el santuario. Solo cuando la fiesta creció y comenzó a atraer gente de otras zonas, la diócesis paceña decidió intervenir y ordenó construir una iglesia formal en la calle Max Paredes, en 1928, bajo la Orden de San Agustín.
Esa decisión, lejos de resolver el asunto, encendió una disputa vecinal que duró décadas: los habitantes de Gran Poder consideraron el traslado del lienzo como un despojo y llegaron a protagonizar enfrentamientos con los vecinos de Max Paredes. La pugna solo se resolvió cuando, entre 1943 y 1948, los propios vecinos de Gran Poder financiaron con aportes personales la construcción de su propio templo —hoy conocido, no sin ironía, como el templo «viejo»— para conservar una réplica de la imagen en su barrio de origen.
El rostro que se borró y el crimen que cerró un templo
| 1 | Un rostro para pedir el bien, otro para pedir el mal. Debido al carácter perturbador de los tres rostros superpuestos, con el tiempo se extendió la costumbre de encomendar peticiones distintas a cada uno: al derecho, los pedidos buenos; al izquierdo, los de venganza. |
| 2 | El repintado de 1930. Se cubrieron los dos rostros laterales y la imagen quedó reducida a un único semblante, rebautizada como el Señor del Gran Poder. Estudios con luz ultravioleta y rayos X confirmaron que los tres rostros originales siguen ocultos bajo la pintura visible hoy. |
| 3 | Un asesinato dentro del templo. En 1984, el párroco Miguel Silva fue asesinado en un robo dentro del propio recinto, lo que obligó al Arzobispado de La Paz a cerrar el templo antiguo durante dos años. |
| 4 | De parroquia a santuario. Al reabrir en 1986, dejó de ser parroquia para convertirse en Santuario del Señor del Gran Poder, una figura sin jurisdicción territorial propia. |
| 5 | El original nunca sale a la calle. Por ser patrimonio nacional, el lienzo colonial jamás participa físicamente: cada año se usa una réplica para presidir el recorrido. |
| 6 | Reconocimiento internacional en 2019. El 11 de noviembre, la Unesco inscribió la festividad en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, junto al Carnaval de Oruro, la Ichapekene Piesta y la Alasita. |
| 7 | Autofinanciamiento total. El santuario se sostiene solo con colectas, matrimonios, bautizos y aportes voluntarios; ni la Iglesia ni la ACFGP destinan fondos institucionales a su mantenimiento. |
Lo que realmente mueve el Gran Poder
Detrás del despliegue de plumas y bordados hay una industria que da empleo, de forma directa o indirecta, a miles de familias paceñas durante meses. El alcalde de La Paz, César Dockweiler, lo resumió con una pregunta retórica al presentar oficialmente la edición 2026: además de los bailarines y músicos, están quienes cosen los trajes, quienes peinan a las pasantes, quienes venden comida a lo largo de la ruta y quienes alquilan espacios para ver pasar la entrada.
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$80M
Movimiento económico proyectado
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130.000
Personas participantes directas
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92.000
Bailarines en la edición 2025
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33.000
Músicos en la edición 2025
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76
Fraternidades afiliadas a la ACFGP
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200K+
Espectadores en las calles (2025)
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Los sectores beneficiados abarcan la confección de trajes y máscaras, la industria textil y de bordado, los salones de belleza, la gastronomía formal e informal a lo largo del recorrido, el alquiler de graderías y balcones, el transporte de bandas y comparsas, y la hotelería para los visitantes que llegan desde otros departamentos y desde el exterior. Es, como advirtió la propia ministra de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, Cinthya Yañez, una cadena de valor que trasciende el sincretismo religioso y beneficia a sectores muy distintos entre sí.
El resto del calendario: cuánto mueven Urkupiña, Oruro y Cotoca
El Gran Poder no está solo. Bolivia sostiene un calendario de festividades patronales que, en conjunto, configuran uno de los pocos sectores capaces de generar movimiento económico masivo de manera recurrente y predecible cada año.
El Carnaval de Oruro, la otra gran fiesta patrimonial de Bolivia
Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad desde 2001. Las proyecciones 2026 hablaron de más de 500 millones de dólares a nivel nacional, mientras que una evaluación de la Cámara Departamental de Industria de Oruro elevó el impacto local a más de 131 millones de dólares —cerca del 60% del ingreso turístico del país en esas fechas—, con más de 57.000 danzarines y 8.000 músicos en escena.
Segunda manifestación folclórica masiva del país. Sus fechas centrales de 2026 serán entre el 14 y el 16 de agosto y genera, según la municipalidad de Quillacollo, más de 50 millones de dólares, con peregrinos que llegan incluso desde el norte argentino.
Se celebra entre finales de noviembre y el 8 de diciembre. No existe un estudio público que cuantifique su impacto económico global, pero dinamiza el comercio religioso, la gastronomía cruceña y la hotelería local durante semanas.
Lo que comparten las tres —y el propio Gran Poder— es una misma paradoja boliviana: son, a la vez, actos de fe profundamente arraigados y una de las pocas industrias culturales del país capaces de movilizar decenas, e incluso centenares, de millones de dólares en apenas unos días. Que este año la crisis social haya forzado a posponer, pero no a cancelar, la entrada paceña dice mucho sobre cuánto depende ya la economía de La Paz de esa fe compartida cada mes de invierno.
Fuentes consultadas: Agencia Boliviana de Información (ABI), Red Uno de Bolivia, FmBolivia, Visión 360, Correo del Sur, eju.tv, Revista Qamasa, La Razón (hemeroteca), Wikipedia, Agencia Municipal de Noticias (AMN), Erbol, Los Tiempos, ATB Digital, Radio y Televisión Universitaria (UTO), Panamericana y Santuario de Torreciudad.

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