ARTÍCULO — ARTES PLÁSTICAS
Kuska: el colectivo que hace arte con cerámica rota
Trece años de mosaiquismo en Cochabamba: un grupo de mujeres recoge azulejos desechados en obras y calles para convertirlos en murales, y de paso en un ingreso propio.

Cochabamba. — En quechua, kuska quiere decir juntas. Es el nombre que eligió, hace trece años, una asociación de mujeres artesanas nacida dentro del Laboratorio de Comunidades Creativas del Proyecto mARTadero, en el barrio de Villa Coronilla. El material con el que trabajan lo recogen ellas mismas en calles y construcciones, o lo compran roto en algunos comercios: cerámica y azulejos que ya nadie iba a usar.
La técnica es el mosaiquismo. En el taller se aprende primero a cortar: unas tenazas especiales permiten sacarle a cada trozo una curva o una recta, según la figura prevista. Con esas teselas se arman dibujos, texturas, rostros. Según contó a EFE la coordinadora del colectivo, María René Camacho, la idea original combinaba dos cosas que en la práctica resultaron inseparables: enseñar un oficio artístico y darles a las mujeres del barrio una vía de ingreso propio.
Empezaron unas quince, de edades muy distintas —colegialas y abuelas en la misma mesa—, y en el último quinquenio el grupo se ha estabilizado en siete u ocho participantes. Camacho describe el taller como un lugar donde varias llegan buscando una segunda oportunidad, igual que el material.
El debut público fue en 2014, con un mural en el teatro Adela Zamudio de Cochabamba, dedicado a la poeta que da nombre al edificio y a la que se considera una de las precursoras del feminismo en Bolivia. En la obra, de la cabellera de una mujer se desprende un paisaje cochabambino y un fragmento del poema ‘Nubes y vientos’. Desde ahí quedó fijado el rumbo: arte con temática de mujeres, puesto en la calle.

De ese primer mural pasaron a plazas y calles de Cochabamba, y después a Sucre y Tarija; también dictaron un taller en Arica, donde dejaron un mural hecho junto a mujeres chilenas. Su intervención en el pasaje San Rafael, con treinta y seis retratos de latinoamericanas notables, ganó el Premio Eduardo Abaroa de artes contemporáneas en 2017. Lo que venden en su tienda del mARTadero, o lo que cobran por una intervención pública, sostiene al colectivo y va también al bolsillo de cada una. Trece años después, el descarte sigue siendo materia prima y el taller sigue abierto los mismos días.
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