ARTÍCULO — MÚSICA
Mallku de los Andes vuelve al escenario en el Musef
El grupo que en 1980 llevó los khaluyos mineros a los festivales de Francia volvió a tocar en La Paz después de más de dos décadas de silencio.

La Paz. — En la agenda de agosto del Museo Nacional de Etnografía y Folklore que publicó La Razón, el martes 25 aparecía una línea breve: concierto de Mallku de los Andes, desde las 19.00. Para quien no siguió el folklore boliviano de los ochenta, un dato más entre defensas de grado y conferencias. Para quien sí, un nombre que llevaba más de veinte años sin figurar en ninguna cartelera.
El grupo nació en La Paz en 1980. Según el archivo digital Bolivia Eterna, lo fundaron David Mercado, Édgar Villarroel, José Mercado, René Carrasco y Fernando Monroy, con una propuesta que se apoyaba en los khaluyos, las canciones populares de la región minera. Ninguno llegaba de cero: Villarroel había estado entre los creadores de los primeros Kjarkas, hacia 1965, y dejó el grupo antes de que grabara nada; los hermanos Mercado venían de fundar Altiplano en 1976.

La carrera arrancó rápido. Grabaron dos elepés en menos de un año y en julio de 1981 ya estaban en Francia, invitados junto al Ballet Folklórico Nacional a los festivales de verano. En 1984 obtuvieron la medalla de oro en las Olimpiadas del Folklore de Dijon. Después vinieron Recuerdos de una Flor (1989), On the Wings of The Condor (1994) y Cóndor de Los Andes (1998), estos dos últimos ya pensados para un público de afuera.
Su huella no se mide solo en discos. De Mallku de los Andes salió, en 1985, Jach’a Mallku, uno de los conjuntos que definió el sonido folklórico boliviano de las décadas siguientes. Por sus filas y las de sus proyectos hermanos pasaron músicos que también estuvieron en Rumillajta, Inti Raymi y Altiplano: menos una banda que un cruce de caminos.

El cierre había llegado el 22 de noviembre de 2001, cuando los fundadores se reunieron en la Casa de la Cultura para un concierto llamado Como Ayer que llenó el salón Modesta Sanjinés. De esa noche salió Después de 20 años, grabado en vivo con el apoyo del grupo Akhamani y con dos piezas inéditas, entre ellas Coca y café, de René Carrasco. Luego, el rastro se apaga: a partir de 2002 el conjunto dejó de aparecer. Que el regreso ocurra ahora en un museo tiene su lógica —los ponchos, los sombreros de oveja y las ojotas de esa generación de conjuntos ya están catalogados como patrimonio—, aunque la música que los sostiene siga necesitando, sobre todo, un escenario.
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