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FestiJazz 2026: treinta y nueve años de jazz y la cuenta regresiva hacia los 40
La 39.ª edición del Bolivia FestiJazz Internacional reúne conciertos, talleres y jam sessions en La Paz, y abre el camino hacia las cuatro décadas del festival.

La Paz. — Hay festivales que se miden por la cantidad de público y otros por su capacidad de durar. El Bolivia FestiJazz Internacional pertenece a la segunda especie: esta semana celebra su 39.ª edición, del 7 al 11 de octubre, y con ella abre una cuenta regresiva que terminará el próximo año, cuando el encuentro cumpla cuatro décadas. Son cinco días de conciertos, talleres y sesiones de improvisación repartidos entre un cine teatro municipal, un club de jazz, el Conservatorio Plurinacional de Música y la feria dominical de El Prado.
El programa, difundido por la organización y publicado por EL DIARIO, combina nombres de larga trayectoria con agrupaciones más jóvenes y tiene un invitado internacional de peso: el guitarrista brasileño Eduardo Agni. Pero más allá del cartel, esta edición tiene algo de balance. Sus organizadores la plantean como el momento de mirar atrás, hacia los músicos, gestores e instituciones que sostuvieron el festival, y a la vez de preguntarse qué jazz quiere escucharse en Bolivia en los próximos años.
Casi cuatro décadas de constancia
Contar la historia del FestiJazz exige cierta prudencia con las cifras, porque las fuentes no coinciden del todo sobre su año de partida. La numeración de ediciones lo sitúa a fines de los años ochenta; la ley municipal que lo protege hablaba en 2010 de veinte años de existencia. Lo que no admite discusión es su permanencia. En septiembre de ese año, el Concejo Municipal de La Paz aprobó la Ley Municipal Autonómica 003/2010, que declaró al entonces llamado La Paz FestiJazz Internacional Patrimonio Cultural del Municipio, con el propósito expreso de promoverlo y conservarlo.
Aquel nombre recuerda que durante mucho tiempo el festival fue, ante todo, paceño y de septiembre. Con los años cambió de mes —hoy ocupa la primera quincena de octubre— y también de escala. En 2017, cuando celebró sus treinta años, se extendió a seis ciudades: La Paz, El Alto, Cochabamba, Santa Cruz, Potosí y Tarija, según reportó la Cancillería de Colombia, cuyo trío Tres Butacas formó parte de esa edición junto a grupos de Argentina, Brasil, Estados Unidos, Francia, Paraguay y Suiza.
La edición 2026 vuelve a concentrarse en La Paz, pero conserva la lógica que la ha definido desde siempre: poner a convivir en un mismo programa a músicos consagrados, estudiantes y públicos de distintas generaciones. En un medio donde los escenarios para el jazz son pocos y la llegada de artistas extranjeros es irregular, el festival ha funcionado durante décadas como el punto de encuentro anual de una escena pequeña pero persistente.
Del 6 de Agosto al Thelonious
El corazón del festival late en dos salas de perfil muy distinto. El Cine Teatro Municipal 6 de Agosto acoge los conciertos de las 19:00, con programas compartidos de dos o tres agrupaciones por noche. Más tarde, a las 21:00, la actividad se traslada al Centro Cultural Thelonious, un espacio de escala íntima donde el público queda a pocos metros de los músicos y donde la noche suele terminar en jam session.

La inauguración, el miércoles 7, estuvo a cargo de Big Band Bolivia, a la que siguió el dúo de Bladi Morales y Claudia Barrón; la jornada se cerró con una jam session del Conservatorio Plurinacional de Música. Este jueves 8, el escenario del 6 de Agosto reúne a The Llamers, Los Gatos del Agro y Aymuray, mientras que en el Thelonious Eduardo Agni comparte escenario con José María Santalla antes de abrir la noche a la improvisación colectiva.

Agni es una de las razones para no perderse esa velada. Nacido en 1966 en el estado de São Paulo y formado de manera autodidacta, desarrolló una técnica propia en la que percute las cuerdas con ambas manos sobre el diapasón. Desde ese enfoque construye armonías y líneas melódicas que beben de la diversidad rítmica brasileña, del minimalismo y del jazz. Ha tocado en más de treinta países y compuesto música para documentales, televisión y teatro. Su paso por La Paz incluye, además, uno de los talleres del festival.
El viernes 9 llega la noche con más acento boliviano. En el 6 de Agosto se presentan Takesi, la Carlos Fischer Band y el Gustavo Orihuela Quartet. Fischer, guitarrista y compositor cruceño formado en Berklee, es una de las figuras más visibles del jazz fusión del país y ha llevado su banda a festivales de Colombia y Francia. Orihuela, violinista chuquisaqueño dedicado al jazz de raíz gitana, llega tras un año intenso: en mayo estrenó junto a la Orquesta Sinfónica Nacional una versión sinfónica de su cuarteto, según informó CORREO DEL SUR. Esa misma noche, en el Thelonious, toca La Paz Jazz Group, con Tincho Castillo, Zegadex, Efraín Blass, Luis Alarcón y Christian Laguna.
El sábado 10 el festival se reserva una sola cita, también en el Thelonious, con Harlem Jazz y la última jam session del calendario. Y el domingo 11 el jazz sale a la calle: la Big Band del Conservatorio Plurinacional de Música y The Llamers cierran la edición en la Feria Dominical de El Prado, frente a un público que cada semana recorre el paseo sin haber comprado entrada y que, quizá, se detenga a escuchar por primera vez.
El aula también es escenario
Si algo distingue al FestiJazz de un simple ciclo de conciertos es su vocación formativa. Este año los talleres se instalan en el Conservatorio Plurinacional de Música, del miércoles 7 al viernes 9, siempre a las 11:00. El primero estuvo a cargo de Bladi Morales; el segundo, de Eduardo Agni; el tercero, de Luis García. La sede acerca el festival a quienes hoy se forman como intérpretes y que, dentro de algunos años, podrían ocupar los escenarios que ahora observan desde la platea.

La jam session cumple una función parecida, aunque menos visible. Es el espacio donde el estudiante se mide con el profesional, donde un estándar conocido se convierte en conversación y donde el error forma parte del juego. En el jazz, buena parte del oficio se aprende así: tocando con quienes saben más, frente a un público que entiende que lo que ocurre sobre el escenario no volverá a sonar igual.
Que la primera jam de esta edición haya sido la del propio Conservatorio, y que sea su Big Band la encargada de cerrar el festival en El Prado, dibuja un arco claro: el FestiJazz 2026 empieza y termina en manos de músicos en formación. No es un gesto menor para un encuentro que se piensa a sí mismo de cara a las próximas generaciones.
La cuenta regresiva
El aniversario que viene no es solo una cifra redonda. Para la organización, la edición número 40 será la ocasión de recuperar la memoria de cuatro décadas de jazz en Bolivia y de reconocer a quienes hicieron posible que el festival no se interrumpiera: músicos, gestores, instituciones, la cooperación internacional y un público que volvió año tras año. La intención, explican, es que esa celebración no se agote en la nostalgia y sirva también para pensar los desafíos que vienen.
«El próximo año celebraremos cuatro décadas y queremos que este aniversario sea también una mirada hacia el futuro del jazz en Bolivia». — Organización del Bolivia FestiJazz Internacional
Basta revisar el programa de esta semana para advertir la variedad de caminos que hoy recorre el jazz hecho en Bolivia: la tradición de las big bands, el jazz de raíz gitana, la fusión eléctrica, la guitarra percusiva que llega desde Brasil. Ninguno se impone sobre los demás, y en esa convivencia está quizá el mejor argumento del festival. Sostener un encuentro así durante casi cuarenta años, con sedes, formatos y apoyos que cambian de una edición a otra, no es poca cosa.

Quedan todavía el viernes, el sábado y el domingo. Para quien no se haya acercado, la ruta es sencilla: elegir una noche en el 6 de Agosto, quedarse después para la jam del Thelonious y, el domingo, bajar a El Prado. El próximo año habrá aniversario y velas; esta semana, por ahora, hay música.
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