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50 años de la Cinemateca Boliviana

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Cinemateca Boliviana — 50 años

Cincuenta años guardando la memoria: la Cinemateca Boliviana entre el pasado que preserva y el futuro que negocia.

Hay instituciones que nacen de un decreto y otras que nacen de un sueño terco. La Cinemateca Boliviana pertenece a esta segunda estirpe: la de un puñado de personas que, en plena dictadura y sin presupuesto, decidieron que Bolivia no podía seguir perdiendo su propia imagen. El 12 de julio de 2026 la institución cumplió medio siglo, y ese aniversario es también la oportunidad de preguntarse qué significa, hoy, cuidar la memoria de un país que se mira poco a sí mismo en pantalla.

1976
Fundada el 12 de julio, en plena dictadura de Hugo Banzer, por un grupo de personas que decidió que Bolivia no podía seguir perdiendo su propia imagen.
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Fachada de la Cinemateca Boliviana.

§1 Los orígenes: una convicción compartida

La idea de proteger el patrimonio fílmico boliviano no era nueva en 1976: ya en 1958 Marcos Kavlin la había planteado en un artículo de la revista Khana, y en los años setenta Luis Espinal y Alfonso Gumucio insistieron en la necesidad de una institución que preservara ese legado. La propuesta fue postergada durante años, hasta que un grupo de personas decidió concretarla en plena dictadura de Hugo Banzer.

El 12 de julio de 1976, Mario Mercado como alcalde de La Paz, Renzo Cotta en representación de la Obra Don Bosco, Amalia de Gallardo por el Centro de Orientación Cinematográfica, y Pedro Susz junto con Norma Merlo como ejecutivos, fundaron la Cinemateca Boliviana. El municipio cedió el salón «Modesta Sanjinés» en la Casa de la Cultura para las proyecciones semanales y algunos depósitos para el almacenamiento de las cintas. La primera película que ingresó formalmente al archivo fue Laredo de Bolivia (1958), mientras que las primeras exhibidas al público fueron Carnaval Paceño y Posesión del Presidente Hernando Siles, ambas de 1926.

En 1978 la institución se trasladó a la calle Pichincha esquina Indaburo, al viejo cine San Calixto, con una sala larga y estrecha de 260 butacas incómodas donde el público se agolpaba antes de cada función. Esa esquina se volvió, con el tiempo, un lugar de culto para varias generaciones de cinéfilos paceños. Elizabeth Carrasco, quien años después dirigiría el Centro de Documentación de la institución, recuerda incluso una función interrumpida por un incendio provocado por una bomba molotov, en la que el público decidió quedarse hasta que la proyección pudo continuar.

El respaldo legal no tardó en llegar: en septiembre de 1977 la Fundación Cinemateca de La Paz pasó a llamarse Fundación Cinemateca Boliviana, y el 27 de junio de 1978 fue reconocida oficialmente como Archivo Nacional de Imágenes en Movimiento mediante el Decreto Ley Nº 15604, condición ratificada en 1979 y consolidada en 1991 con la Ley Nº 1302.

§2 Por qué importa: la Bolivia que solo existe en celuloide

80%
Del patrimonio
fílmico nacional

Pese a sus limitaciones económicas y de infraestructura, la Cinemateca ha jugado un papel central en la difusión y preservación del material fílmico nacional e internacional del país. Pero la cifra que mejor resume su peso es otra: con el paso de los años, la institución ha recibido en depósito o por donación más del 80% del patrimonio boliviano en películas y videos.

Ese archivo no es un capricho anticuario. Entre los materiales conservados están registros de la Guerra del Chaco y la primera película sonora boliviana sobre ese conflicto, realizada por Luis Basoberry, además de los noticieros del canal PAT de los años ochenta y noventa donados por Carlos Mesa. Como resume una de sus especialistas, «muchas historias de Bolivia estarían perdidas sin la Cinemateca».

Su labor tampoco se detiene en la conservación pasiva: fue la propia institución la que impulsó la redacción y aprobación de la actual Ley de Cine, además de tener un papel protagónico en las leyes de Derechos de Autor y de Depósito Legal. Sin ese trabajo de incidencia, dice la institución, esas normas hubiesen tardado mucho más en existir.

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Archivo fílmico de la Cinemateca Boliviana.

§3 Hitos de medio siglo

Repasar cincuenta años de historia institucional es también repasar una acumulación de pequeñas victorias contra el olvido:

  • 1980La Cinemateca se convierte en miembro de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) y es miembro fundador de la coordinadora latinoamericana de preservación fílmica.
  • 2007Se inaugura su edificio actual en la zona de San Jorge, con 4.100 metros cuadrados y bóvedas técnicas diseñadas según las normas de la FIAF.
  • 2010Comienza un proceso de clasificación de todo el material sin catalogar, un trabajo que tomó cinco años.
  • 2021Se incorpora un escáner digital especializado, obtenido mediante un proyecto con apoyo alemán.
  • 2026Se lanza el ciclo «50 años, 50 películas», un recorrido por un filme boliviano de cada año desde 1976.

A todo esto se suma un detalle que revela el rigor del trabajo de archivo: la institución evita procesos como la colorización artificial de películas filmadas en blanco y negro, precisamente para conservar la imagen original con sus tonalidades y contrastes de época.

§4 Los retos actuales: cincuenta años no bastan sin sostenibilidad

Aquí está, quizás, la parte menos celebrada del aniversario, pero la más urgente. La Cinemateca llega a sus cincuenta años con una paradoja incómoda: cuanto más crece su archivo, más se estrecha la capacidad institucional para sostenerlo.

Un equipo mínimo para un patrimonio máximo. La institución no supera las quince personas, y solo dos trabajadores están dedicados exclusivamente al área de archivo, donde miles de rollos requieren cuidados especializados y constantes.

15
Personas conforman todo el equipo de la institución
2
Trabajadores dedicados exclusivamente al archivo

Infraestructura que envejece sin fondos para renovarse. El desafío mayor en la actualidad tiene que ver con la necesidad imperiosa de una refacción y mantenimiento de fondo del edificio sede, inaugurado en 2007, además de la actualización de los equipos de proyección — una obra que requiere de un presupuesto y un fondo específico que hoy no existe.

«La Fundación no recibe absolutamente ningún respaldo económico del Estado, pese a ser la entidad legalmente encargada de resguardar el patrimonio fílmico y audiovisual del país.»

Renovación generacional pendiente. Frente a este panorama, el Consejo de Fideicomisarios ha decidido invitar a personalidades relevantes del ámbito cultural y audiovisual del país a integrarse a la institución, con el objetivo explícito de promover una renovación generacional en su interior.

Un contexto sectorial que no ayuda. Bolivia estaría excluida temporalmente del fondo Ibermedia por deudas pendientes de varias cuotas anuales, lo que reduce las oportunidades de coproducción y financiamiento internacional para nuevas películas. A la falta de financiamiento se suma un problema de consumo: el público boliviano aún no prioriza las producciones nacionales en cartelera, lo que limita la sostenibilidad de toda la industria. Una Cinemateca sin películas bolivianas nuevas que preservar en el futuro sería, en el fondo, una institución condenada a mirar solo hacia atrás.

33K
Piezas de cine extranjero conserva la Cinemateca, casi en su totalidad ya inventariadas — mientras el archivo sigue creciendo con nuevas donaciones cada año.
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Sala de proyección de la Cinemateca Boliviana.

§5 El futuro: sostener la memoria mientras se sigue escribiendo

Frente a este cuadro, la Cinemateca no se ha quedado quieta. Ha buscado socios estratégicos como la Corporación Andina de Fomento (CAF), que en 2019 acompañó la renovación de su imagen institucional con el objetivo de convertirla en un referente cultural más amplio, capaz de responder a nuevas demandas estéticas y comerciales sin perder su vocación de archivo. Y el archivo, contra todo pronóstico de escasez, sigue creciendo: solo su patrimonio de cine extranjero llega a casi 33.000 piezas, prácticamente inventariadas en su totalidad, y ha sumado en los últimos años donaciones como el Fondo Antonio Eguino, el ex cine México, la Fuerza Aérea Boliviana y los archivos de cineastas como Marcos Loayza.

Hay también proyectos pendientes que funcionan casi como metáfora de la tarea entera de la institución: «Hacia la Gloria», una producción de los años treinta de la que solo se conservan fragmentos separados que deberán reconstruirse para recuperar la película completa. Es exactamente lo que la Cinemateca ha hecho, en distintas escalas, durante cincuenta años: juntar pedazos dispersos de un país para que no se termine de deshacer.

§6 Un archivo que es, también, un espejo

Detrás de las cifras de rollos catalogados y los desafíos presupuestarios hay una pregunta que la Cinemateca Boliviana lleva medio siglo respondiendo con hechos: ¿qué clase de país sería Bolivia si no supiera cómo se veía a sí mismo hace cien años? La institución que nació en el quinto piso de la Casa de la Cultura, con un salón prestado y un puñado de rollos rescatados de cualquier manera, hoy sostiene sobre sus hombros — literalmente, con quince personas — la memoria visual de una nación entera.

El aniversario invita a celebrar, pero también a mirar de frente lo que está en juego: sin financiamiento sostenible, sin renovación de infraestructura y sin un público que vuelva a llenar las salas de cine boliviano, la Cinemateca podría convertirse en la guardiana de una historia que dejó de escribirse en el presente. Los próximos cincuenta años no dependen solo de cuántas películas se logren rescatar del pasado, sino de si Bolivia decide, esta vez con el Estado y la sociedad involucrados, que esa memoria merece un futuro tan cuidado como su archivo.

50

Cinemateca Boliviana · Fundada el 12 de julio de 1976, La Paz.
Archivo Nacional de Imágenes en Movimiento.


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