ARTÍCULO — MÚSICA
La Sinfónica cierra el año con España y Broadway en el atril
Tras una temporada que abrió con estrenos de Cergio Prudencio y Alberto Villalpando y que llevó el rock y el jazz a su escenario, la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia encara octubre con dos citas: una gala iberoamericana gratuita y un programa coral-sinfónico con cuatro coros del país.

La Paz. — Dos afiches de la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia circulan estos días en redes y, puestos uno al lado del otro, cuentan bastante de lo que fue su año. En el primero, una granada partida anuncia la Gala Iberoamericana 2: el viernes 16 de octubre, con ingreso libre y un programa que va de Beethoven a Manuel de Falla. En el segundo, las vetas de un cañón de piedra enmarcan dos apellidos —Bernstein y Rodrigo— para el jueves 29, con un guitarrista orureño como solista y cuatro coros en escena, uno de ellos llegado desde Samaipata.
Son dos programas distintos, casi opuestos en tono, pero responden a una misma idea que la orquesta sostuvo durante toda la temporada: que la sala de la calle Ayacucho puede ser, a la vez, el lugar de los grandes clásicos, de la música boliviana nueva y de públicos que hasta hace poco no la tenían en su mapa. Antes de llegar a octubre, vale la pena repasar cómo se armó ese recorrido.
Una casa con identidad nueva
La de 2026 es la primera temporada completa bajo la gestión de Daniel Montes Mariaca, nombrado máxima autoridad ejecutiva de la institución a mediados de 2025, cuando la orquesta celebraba sus 80 años, según informó LOS TIEMPOS en su momento. Montes llegó con un programa institucional que la propia orquesta resume en una fórmula sencilla: «música de todos para todos».

El primer gesto del año fue de imagen. En febrero, la Sinfónica presentó una nueva identidad institucional —la misma que hoy firma los afiches— junto con el lanzamiento de su temporada. El segundo fue de repertorio, y resultó más elocuente. De acuerdo con la AGENCIA BOLIVIANA DE INFORMACIÓN (ABI), los conciertos inaugurales del 19 y 20 de febrero pusieron en el atril dos estrenos mundiales de compositores bolivianos: Migrantes, migraciones, de Cergio Prudencio, quien dirigió la primera noche como invitado, y Música para orquesta IX: adoración al íntimo, de Alberto Villalpando. Completaban el programa el Kol Nidrei de Max Bruch, con la solista Andrea García, y el Concierto para piano n.º 4 de Beethoven, con Guery Ticona al teclado.
Abrir una temporada con dos estrenos bolivianos no es un gesto menor. Es decir en voz alta que el repertorio nacional no está ahí para rellenar un programa, sino para encabezarlo. Prudencio y Villalpando representan, además, dos generaciones y dos sensibilidades distintas de la creación académica del país, y que sus obras nuevas sonaran la misma noche funcionó como una pequeña declaración de principios.
Abrir una temporada con dos estrenos bolivianos es decir en voz alta que el repertorio nacional no está ahí para rellenar un programa, sino para encabezarlo.
En abril llegó uno de los conciertos más comentados del primer semestre. Con Montes en el podio, el pianista boliviano José Navarro Silberstein interpretó el Concierto para piano de Robert Schumann, y la orquesta cerró con la Sinfonía n.º 5 de Dmitri Shostakóvich. ABI reportó una sala llena y una ovación final: un dato que dice más que cualquier adjetivo para una institución que necesita demostrar, temporada tras temporada, que tiene público.
La sala, abierta a otros públicos
Si la primera parte del año confirmó la vocación clásica de la orquesta, mayo mostró la otra cara. Entre el 12 y el 23 de ese mes, el Centro Sinfónico Nacional albergó el festival Sinfónica Fusión: cinco noches en las que la orquesta compartió escenario con músicos del rock, el jazz y la música popular boliviana.

Abrió el tecladista paceño Freddy Mendizabal con un concierto dedicado al rock argentino en clave sinfónica; siguió el violinista chuquisaqueño Gustavo Orihuela con su cuarteto, en una noche que, según CORREO DEL SUR, reunió a más de cincuenta músicos en torno a composiciones nacidas entre España y Bolivia. Después vinieron la Orquesta Criolla Música de Maestros, dirigida por el quenista Rolando Encinas; la banda Octavia en formato sinfónico y, como cierre, el jazz sinfónico de Diego Ballón junto a Pablo Valdivia.
La lógica del ciclo era clara: acercar la música académica a quienes quizá nunca habían cruzado la puerta del Centro Sinfónico. Y la apuesta tiene sentido. El público que llega por Octavia o por Música de Maestros es el mismo que, con un poco de suerte, vuelve otro día por Beethoven.
El segundo semestre mantuvo esa línea con dos guiños más. En agosto, la orquesta rindió homenaje a la Cinemateca Boliviana por sus 50 años, en una de las actividades del aniversario del principal archivo audiovisual del país. En septiembre, el percusionista y compositor brasileño Ney Rosauro llevó la samba al Centro Sinfónico, en una velada pensada menos para escucharse en silencio que para cantar y bailar.
Batutas invitadas, solistas de casa
Otra constante del año fue la presencia de directores con trayectoria internacional. En julio, el pianista y director David Greilsammer —al frente de la Geneva Camerata desde 2013 y de la Filarmónica de Medellín desde 2022— llegó a La Paz para dirigir el programa «Misterioso Destino». Y la gala de este viernes marca el regreso de José Manuel Gil de Gálvez, director y violinista español nominado al Latin GRAMMY, que ya había trabajado con la Sinfónica en noviembre de 2025, en un concierto de acceso libre impulsado por la Fundación Universitaria Iberoamericana (FUNIBER) con apoyo de la Embajada de España y la Empresa Minera San Cristóbal, según reportó EL DIARIO.
El contrapeso de esos nombres fueron los solistas bolivianos —Navarro Silberstein, Ticona, García—, que esta temporada no aparecieron como invitados de compromiso, sino en el centro de los programas más importantes. Es un equilibrio difícil de sostener y, a la vez, el que mejor define a una orquesta nacional.

España en el atril
La Gala Iberoamericana 2 tiene un programa que se lee casi como un mapa. Abre con la Sinfonía n.º 5 de Beethoven —el ancla universal de la noche— y luego gira hacia España con tres compositores que buscaron una voz propia desde la tradición de su país: el vasco José María Usandizaga, muerto joven en 1915, con su Souvenir Lied; Joaquín Turina, con la Sinfonía sevillana, op. 23, y Manuel de Falla, con El sombrero de tres picos, el ballet que los Ballets Rusos de Diáguilev estrenaron en Londres en 1919.
Gil de Gálvez asumirá el doble papel de director y solista, un formato que conoce bien: también encabeza la orquesta de cuerdas Concerto Málaga. La cita es el viernes 16 de octubre a las 19:30, con ingreso libre.
Salmos, Broadway y una guitarra de Oruro
Trece días después llega el programa más ambicioso del cierre. El jueves 29 de octubre, a las 19:30, en el Centro Sinfónico Nacional (calle Ayacucho 366), Daniel Montes dirigirá «Bernstein & Rodrigo», una noche que reúne tres obras de mundos muy distintos.
La primera es Chichester Psalms, que Leonard Bernstein escribió en 1965 por encargo de la catedral inglesa de Chichester para su festival de música. Es una obra para coro y orquesta cantada en hebreo, sobre fragmentos de seis salmos; Bernstein decidió conservar la lengua original como un mensaje ecuménico de fraternidad. La segunda son las Danzas sinfónicas de West Side Story, la suite orquestal que el propio compositor extrajo de su musical de Broadway, con el mambo y la tensión urbana intactos.

La tercera, el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, tendrá como solista a Marcos Puña. Nacido en Oruro en 1977, Puña se formó en el Conservatorio de Montevideo con Mario Payssé, es presentado en su biografía como el último alumno directo del uruguayo Abel Carlevaro y completó estudios de posgrado en el Conservatorio del Liceo de Barcelona. Ganó concursos como el Miguel Llobet y el de Zarautz, en España, y enseña desde 2006 en el Conservatorio Nacional de Música de La Paz, donde dirige el departamento de guitarra. Que el Aranjuez —probablemente la obra para guitarra y orquesta más tocada del siglo XX— quede en manos de un intérprete que enseña aquí es, en sí mismo, una buena noticia para quienes hoy estudian guitarra en el país.
El peso coral de la noche lo llevan cuatro agrupaciones: Voces Andium, el Coro María Jesús, el coro del Instituto de Formación Artística Luis Felipe Arce y el coro de Samaipata, cuya invitación a La Paz ya contamos en pensARTE. El concierto cuenta con el apoyo de la Embajada de España en Bolivia y de la Cooperación Española a través de AECID. Las entradas están a la venta en sinfonicabolivia.gob.bo.
Lo que queda por escuchar
El año no termina en octubre. Al presentar su agenda en febrero, la orquesta anunció también el Primer Concurso Internacional de Composición y el Primer Concurso Nacional de Jóvenes Solistas, dos iniciativas que apuntan al mismo lugar que los estrenos de la inauguración: la música que se escribirá y se tocará en Bolivia en los próximos años. Su resultado será, probablemente, la mejor medida de esta temporada.
Mientras tanto, octubre ofrece dos maneras de entrar a la sala de la calle Ayacucho: una gratuita, con la música española como hilo; otra con coros, salmos en hebreo y una guitarra orureña. Entre ambas queda dibujada una orquesta que este año decidió no elegir entre el canon y su propio país, y que sigue buscando, concierto a concierto, a quienes todavía no se sentaron en sus butacas.
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