La Danza de la Muerte, una aproximación iconográfica

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La DANZA MACABRA o Danza de la muerte fue un tema recurrente durante la baja edad media. No era extraño cierta relación cercana con la muerte en una época con períodos cíclicos de hambrunas, sequía, peste y otras enfermedades endémicas. La población era diezmada con frecuencia y los sermones en las iglesias enfrentaban diariamente la vida con la muerte y los tormentos del infierno.

El tema central fue la universalidad de la muerte, un concepto cristiano según el cual la muerte iguala a todos los estamentos de la sociedad, por mucha diferencia que hubiera en vida.

Es muy discutido saber si la danza macabra apareció antes en las artes plásticas o en las escénicas. Al no ser un tema doctrinal, sino alegórico, popular y vinculado a la literatura sapiencial, las formas de representarla son muy diversas, relacionándose siempre con los tópicos del ubi sunt, memento mori, vanitas vanitatum y mundus inversus.

Desde el punto de vista de las artes figurativas, se representa una o varias personificaciones de la Muerte que se apropian de una variable número de vivos, siguiendo un orden jerárquico. Es muy común encontrar papas, obispos y sacerdotes entre los representados. Con el paso del tiempo, la Muerte personificada se convirtió en un muerto concreto representado, bien como esqueleto, bien como cadáver en proceso de putrefacción, entendiéndose en ambos casos como el doble especular del vivo. De ese modo, frente a la jerarquía estamental, expresada por medio de la indumentaria, la homogénea imagen del muerto contribuía a subrayar el poder unificador de la Muerte.

Niklaus Manuel Deutsch, Danza macabra del cementerio de los dominicos de Basilea (Suiza). Copia de Emanuel Büchel de 1768.

Estudio Iconografico

En principio, muestra un grupo de figuras con una serie de vivos que bailan con muertos. Cada imagen suele ir acompañada de textos rimados, escritos en latín o en lengua vernácula, muy fáciles de entender, en un lenguaje muy comunicativo, dentro de filacterias. Los textos son alusivos a la fugacidad de la vida, a la brevedad de los placeres e incluyen sentencias sapienciales y refranes populares que varían según las regiones. Cada una de las estrofas tenía la intención teórica de consolar a quienes las leían con la idea de que la Muerte era la única que trataba por igual a todos los humanos, pero la lectura de los epígrafes, al final, más que un consuelo, resultaba ser demoledora y contundente.

Al ser representados los vivos junto a los muertos, se produce el contraste entre los cuerpos en mayor o menor plenitud de los vivos con los cuerpos en proceso de degradación o reducidos al esqueleto de los muertos. Los muertos arrastran a los vivos, como si los sacaran a bailar, y los vivos se resisten o se quedan petrificados ante una farándula de la que son, tristemente y a su pesar, protagonistas.

Todos participan de un mismo y único baile en el que, con independencia de la edad, del estamento de pertenencia, o de la categoría socio económica, el denominador común es que, por el hecho de estar vivos, la Muerte los tiene que llevar. Los artistas aprovecharon la ocasión para fijar las muy diferentes actitudes del vivo ante la Muerte: unas veces se queda petrificado, otras veces el vivo es arrastrado por la fuerza y obligado a moverse, frecuentemente llora y está triste, pero a veces aparece dialogando y bailando con agilidad, moviéndose al compás que le marca la Muerte, e incluso existen ejemplos hedonistas en los que vivo y muerto coquetean. Pocas veces hay serenidad y resignación. Es un verdadero catálogo de expresiones y gestos.

En la mentalidad de la Baja Edad Media predominan tres puntos de vista sobre la percepción de la muerte. Todos ellos confluyen en la Danza Macabra y ayudan a comprenderla. El primero ve la muerte como un fenómeno universal, que puede sobrevenir de forma brusca e inesperada a personas de cualquier edad y condición, sin tomar en cuenta su estatus social o económico. El segundo afirma que cualquier fama terrenal es transitoria, siendo una variante más del tópico literario grecolatino del ubi sunt? asumido por la literatura sapiencial cristiana. El tercero se relaciona con la vanitas y el Contemptus mundi, y afirma que la belleza física, por muy atractiva que resulte en la juventud, decae con la vejez y desaparece con la muerte cuando la corrupción del cuerpo transforma el ser en la horrible visión del cadáver.

Giacomo Borlone de Buschis, pinturas del claustro del Oratorio dei Disciplini de Clusone (Italia), 1485. Detalle de la danza macabra
Bern Nokte, Danza macabra de la iglesia de San Nicolás de Tallin (Estonia), 1463.
Janez de Kastav, Danza macabra de la iglesia de Hrastovlje (Eslovenia), 1480, detalle del Rey y la Reina.

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