ARTÍCULO — CINE
La Hija Cóndor levanta vuelo hacia las pantallas francesas
Tras su paso por el festival Cine Latino de Toulouse, la coproducción boliviana rodada en quechua se estrena en salas comerciales de Francia, sumando un capítulo más a un recorrido que ya acumula más de veinte reconocimientos internacionales.

La Paz. — La Hija Cóndor, la coproducción entre Bolivia, Perú y Uruguay dirigida por el cochabambino Álvaro Olmos Torrico, llegó este mes a las salas comerciales de Francia después de proyectarse en el festival Cine Latino de Toulouse, una de las vitrinas más importantes en ese país para el cine latinoamericano. El filme se estrenó el 19 de agosto en cines franceses, según informó el medio Periodistas en Español, y se suma así a un recorrido que ya la llevó por Málaga, Guadalajara, La Habana y Biarritz, donde acumuló más de veinte reconocimientos internacionales.
Es el segundo largometraje de Olmos Torrico, después de Wiñay (2018), y vuelve a poner en el centro a dos mujeres: esta vez Ana y Clara, interpretadas por las actrices debutantes María Magdalena Sanizo y Marisol Vallejo Montaño. La historia transcurre en la comunidad quechua de Kami, en la cordillera andina, donde Ana ejerce como partera tradicional y prepara a su hija adoptiva Clara para heredar ese oficio.

Pero Clara sueña con otra vida: quiere ser cantante en la ciudad. Una radio de transistores, regalo de una familia del pueblo, se convierte en su ventana a la música moderna que suena en Cochabamba, y ese contraste entre el ritmo pausado de la comunidad y la promesa urbana termina empujándola a partir — una decisión que la propia comunidad, atada a sus creencias, llega a interpretar como la causa de una tormenta que arruina las cosechas.
Rodada mayormente en quechua y quechuañol, la película fue pensada por su director como una forma de resistencia cultural, en un país donde distintos gobiernos intentaron desalentar el uso de la lengua durante décadas. Ese gesto lingüístico, sumado a la fotografía del peruano Nicolás Wong Díaz —responsable también de la fotografía de La Llorona, de Jairo Bustamante—, coloca a La Hija Cóndor junto a otras películas andinas recientes, como Utama, de Alejandro Loayza, o Madeinusa, de Claudia Llosa, que retratan la tradición indígena sin caer en el exotismo.

En Bolivia, La Hija Cóndor ya se había consolidado como una de las películas nacionales más vistas de la última década, con cerca de 35.000 espectadores en cinco semanas de cartelera. Verla estrenarse ahora en pantallas francesas confirma algo que el cine boliviano viene demostrando con insistencia: contar una historia local, en la lengua propia, también puede volar lejos.
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