h.r. moruno pelaez

Cuando quiero comprar algún producto o servicio, lo primero que hago es investigarlo, casi instintivamente, en Facebook o Google. Es un ritual. Nada, absolutamente nada, se salva de ese filtro. Lo mismo pasa cuando quiero visitar algún lugar. Si no tengo algo de información pronta, que obviamente me la brinda la red, y que me dé un contexto del lugar, aunque sea mínimo, y me genere expectativa adicional siento que perderé parte de la experiencia.
En definitiva, y aunque amo la información impresa puesto que nunca deje de ser un ratón de biblioteca, mi enciclopedia del día a día (en todo el sentido extendido de la palabra) está en mi celular.
Dentro de este mundo de información digital, las páginas web me brindan la mejor experiencia. Si consultar blogs o redes sociales se asemeja a investigar en un diccionario de la lengua o algún manual o libro compilatorio, las páginas web institucionales, de algún artista o político, serían como consultar libros de autor o aquellos diccionarios enciclopédicos de más de 100 tomos. Experiencias completamente distintas.
Hace no mucho tuve la dicha de visitar algunos de los museos más importantes del mundo, y recuerdo que me pasé varias horas consultando sus páginas web institucionales planificando mi visita. Leía sobre el museo, veía las exposiciones que tenían disponibles tanto temporales como permanentes, trataba de memorizar algún recorrido afín a mis intereses y sobre todo a mi tiempo e incluso visitaba las secciones dedicadas a los suvenires para planificar en que iba a gastar el poco o mucho dinero con el que iba a disponer. Todo esto me daba horas de buen entretenimiento y al mismo tiempo conocía más y más sobre el lugar que visitaría. Está por demás decir que mis ganas por ir a esos museos solo se incrementaban y no veía llegar la hora de pisar y ver en vivo todo aquello que había soñado y sobre lo que había leído en la red; además, como ya había comprado mi ticket de ingreso online, no ir significaría haber hecho una muy mala inversión para mí; para el museo, negocio redondo. Sumado a esto, cada página web que visitaba tenía una personalidad propia y, por tanto, aunque todos los lugares que visitaría eran en general museos, la expectativa que me generaban eran distintas. A uno de ellos iba con profunda admiración y respeto, a otro iba tras una aventura de exploración, a otro iba con ojo crítico de alguien que había dedicado varios años de su vida al estudio del arte intentando profundizar en dos o tres autores específicos, a otro con ganas de dejarme sorprender.

Grata fue mi reacción al saber que el Museo Nacional de Arte, uno de los bastiones museísticos del país, contaría con una página web como Dios manda; tarde, pensé en un primer momento, pero mejor tarde que nunca, rectifiqué.
Me asombró caer en cuenta que esa experiencia, tan simple y sencilla pero siempre maravillosa, se me había negado muchos años en mi ciudad y en mi país: instituciones culturales en general que no contaban con sitios oficiales de información o que simplemente las redes sociales les habían quedado chicas… y es que en los tiempos que vivimos una buena página web más una gestión idónea de redes sociales es por demás imprescindible: esto habla de la seriedad de la institución, de lo comprometida que está con la sociedad, habla de la profesionalidad de quienes trabajan en ella y sobre todo nos manda un mensaje claro y conciso: lo que resguardamos y ofrecemos es un tesoro que el mundo debe admirar y nosotros lo brindamos de la mejor forma posible.
Grata fue mi reacción al saber que el Museo Nacional del Arte, uno de los bastiones museísticos en el país, contaría con una página web como Dios manda; tarde, pensé en un primer momento, pero mejor tarde que nunca, rectifiqué.
Su página web cumple con todo lo que promete: está toda la información que requieres para planificar una visita, te muestra cuales son las exposiciones permanentes y las temporales, te describe todas las actividades complementarias que se realizan en el museo, hay recursos educativos, incluso te ofrece una tienda online. Ciertamente hay puntos para mejorar, siempre lo habrá, pero ya está dado el primer paso y es uno muy bueno.
Desde que la página web comenzó a funcionar y pude navegar en ella me dieron más ganas de volver al museo, de hecho, ya fui un par de veces con intereses específicos: a una exposición y en busca de un recuerdo. Ahora pienso que, si pudiera comprar mi ticket de ingreso online, con lo impulsivo que soy a veces, seguramente iría en más oportunidades.
Siento que el Museo Nacional de Arte lo está haciendo bien, yo mismo pude participar en una de sus actividades el año pasado que he de decir me pareció bastante innovadora en nuestro medio; sin embargo, hay muchas otras instituciones culturales en nuestra ciudad que aún tienen un largo camino por recorrer, algunas que tristemente están en ruinas, ya hablaremos de ello. Por fortuna, aún hay pequeños oasis de trabajo con compromiso y seriedad como el MNA, el MUSEF de cuya iniciativa hablaremos en unos días o la OSN que está en pos de repensarse después de una gestión poco loable. Aún hay vida en el arte y en la cultura en nuestra ciudad.
Link de la página oficial del Museo Nacional de Arte
http://www.museonacionaldearte.gob.bo/
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