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UNESCO incorpora la pesca weenhayek y el ají chuquisaqueño a su Atlas Internacional de los Alimentos

Atlas UNESCO · Patrimonio Alimentario

Dos tradiciones alimentarias nacidas a cientos de kilómetros de distancia —la pesca weenhayek del Chaco y la cultura del ají chuquisaqueño— caminan juntas hacia un mismo reconocimiento: sumarse al Atlas Internacional de los Alimentos que impulsa la UNESCO.


Pescador weenhayek en el río Pilcomayo, Villamontes

Río Pilcomayo, Villamontes — Tarija

Contexto

Un atlas para no olvidar

El proyecto nació con un propósito claro: documentar y salvaguardar tradiciones alimentarias que corren el riesgo de perderse con el paso de las generaciones. Bolivia entró a este mapa mundial con cuatro experiencias seleccionadas tras un mapeo exhaustivo de prácticas culinarias en todo el país: el apthapi andino, la elaboración de licores artesanales, la pesca del pueblo weenhayek y la gastronomía basada en el ají y el maní chuquisaqueños. Curiosamente, el financiamiento de esta iniciativa proviene del Ministerio de Cultura de Arabia Saudita, un dato que sorprende a muchos y que muestra cómo la cooperación internacional puede cruzar fronteras culturales inesperadas para proteger la diversidad gastronómica del planeta.

Tras una primera fase de identificación, el proyecto avanzó hacia una segunda etapa: la documentación profunda de dos de esas cuatro prácticas, precisamente la pesca weenhayek y la cultura del ají chuquisaqueño, mediante talleres participativos en territorio.

 

Territorio

Villamontes: pescar es también una forma de ver el mundo

El pueblo weenhayek se asienta desde hace generaciones en las orillas de los ríos Pilcomayo y Bermejo, en pleno Gran Chaco boliviano. Su pesca no se entiende como una simple actividad de subsistencia: es una extensión de su cosmovisión nómada, una manera de relacionarse con el agua, el territorio y los ciclos naturales que marcan el calendario de la comunidad. Las técnicas empleadas —redes tejidas a mano y anzuelos con vara lanzados al río— se transmiten de padres a hijos casi sin intermediación escrita, lo que hace que cada taller de documentación sea, en el fondo, una carrera contra el tiempo para poner por escrito (y en video) un conocimiento que hasta ahora solo vivía en la memoria y en la práctica diaria.


Tejido de redes weenhayek

Tejido de redes weenhayek

Un dato que pocos conocen: Villamontes fue un punto estratégico durante la Guerra del Chaco en los años 30, y hoy esa misma tierra, antes escenario de conflicto, se convierte en protagonista de un esfuerzo de paz cultural: preservar la vida cotidiana de quienes siempre la habitaron.

 

Origen

Sucre y el ají que pudo ser el origen de todos los ajíes del mundo

Chuquisaca aporta al atlas un ingrediente que atraviesa la identidad culinaria boliviana: el ají. En esta región, el ají y el maní no son simples condimentos, sino elementos que definen platos enteros y marcan la memoria gastronómica de comunidades como Padilla, epicentro de una feria anual que reúne a decenas de productores locales.


Feria del ají y el maní en Padilla, Chuquisaca

Ají de Padilla — Chuquisaca · Crédito por definir

Estudios de ADN sugieren que la ulupica, un ají silvestre de los valles bolivianos, podría ser el origen genético de todos los ajíes del mundo.

Se trata de un ingrediente presente en la dieta americana desde hace más de 5.000 años, que tuvo un lugar central —incluso ceremonial— en culturas como la tiwanacota y la inca, y que los kallawayas siguen usando hoy con fines medicinales.

Con este telón de fondo, el Gobierno boliviano, a través del Viceministerio de Gastronomía, ya proyecta una «Ruta del Ají» que partiría desde Padilla, pensada como una estrategia de turismo sostenible que revalorice los productos nativos y fortalezca económicamente a las comunidades productoras.

 

Riesgo

El desafío común: que el saber no se apague

Más allá de la geografía y de los sabores, lo que une a estas dos tradiciones es una misma urgencia. Tanto la pesca weenhayek como la cultura del ají chuquisaqueño dependen de la transmisión oral y práctica entre generaciones. Si esa cadena se rompe —por migración, cambio climático, urbanización o simple desinterés de las nuevas generaciones—, el conocimiento desaparece con quienes lo poseen.

Por eso los talleres impulsados por la UNESCO no se limitan a grabar entrevistas o fotografiar platillos: buscan activar la participación directa de las comunidades, para que sean ellas mismas quienes decidan qué contar, cómo contarlo y qué partes de su saber merecen quedar registradas para el mundo.

 

Impacto

Por qué importa

Que estas dos prácticas bolivianas entren en un atlas internacional no es solo un gesto simbólico. Significa visibilidad global, posibilidades de turismo cultural responsable, y —sobre todo— una herramienta digital que puede ayudar a que niños y jóvenes de estas comunidades vuelvan a interesarse por lo que sus abuelos saben hacer con las manos y con la memoria. En tiempos donde la comida rápida y estandarizada avanza en todo el continente, iniciativas como esta son un recordatorio de que cada río, cada valle y cada comunidad boliviana guarda una forma única —y valiosa— de alimentar y de alimentarse.

Atlas · Ficha de datos

Datos de interés para destacar

01 4 experiencias bolivianas fueron seleccionadas para el Atlas Internacional de los Alimentos: apthapi, licores artesanales, pesca weenhayek y gastronomía del ají y maní.
02 El proyecto está financiado por el Ministerio de Cultura de Arabia Saudita, un dato poco conocido sobre la cooperación detrás del atlas.
03 La pesca weenhayek se practica en los ríos Pilcomayo y Bermejo, en el Gran Chaco, con redes tejidas a mano y anzuelos con vara.
04 Villamontes fue un punto estratégico durante la Guerra del Chaco (1932-1935); hoy protagoniza un esfuerzo de paz cultural.
05 La ulupica, ají silvestre de los valles entre Aiquile, Comarapa y Villamontes, sería —según estudios de ADN— el origen genético de todos los ajíes del mundo.
06 El ají está presente en la dieta americana desde hace más de 5.000 años.
07 Culturas tiwanacota e inca le dieron al ají un valor incluso ceremonial.
08 Los kallawayas todavía usan el ají hoy con fines medicinales.
09 Padilla (Chuquisaca) reúne cada año entre 80 y 90 productores en su feria del ají y maní.
10 El Gobierno boliviano proyecta una «Ruta del Ají» desde Padilla, para turismo sostenible e identidad cultural.
11 El mayor riesgo para ambos saberes: la ruptura de la transmisión oral y práctica entre generaciones.

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